Y he aquí que, una vez más, comienza un mundial de futbol. En esta ocasión en una sede tripartita entre Canadá, EUA y México. No es que los tres gobiernos gocen de las mejores relaciones, pero, qué se le va a hacer, así es la vida, la política y, en este caso específico, el futbol.
Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, sostenía que existían tres quehaceres imposibles: gobernar, educar y psicoanalizar, que por más que se intente hacerlo de la mejor manera, siempre algo se escapa, algo se pierde, son interminables. Precisamente por ese “no se qué, que qué se yo” de la vida, del juego y del amor, lo inconsciente es que se sigue jugando, escribiendo, buscando…
Freud llamó inconsciente a esa dimensión desconocida para la persona, esa “tierra interna extranjera” (Freud) que habita en cada uno de notros y que, al entrar en conocimiento y contacto con ella, podemos, de entrada, reconocerla no como un defecto, sino como algo a ser integrado y trabajado con responsabilidad y creatividad, sin necesidad de patologizarla, transformarla en sufrimiento o adjudicársela a alguien más, a la manera de un defecto, culpa o error, como sucede en la discriminación, el racismo, el machismo y la xenofobia, sino en fuente inagotable de creatividad.
El futbol —como los demás deportes—siempre nos recuerda algo fundamental sobre la vida: que el otro, el semejante, es necesario para jugar, que nadie se salva solo, que el juego de la vida y del deseo siempre implican la posibilidad de la pérdida y el fracaso, no existe triunfo honorable sin el correspondiente riesgo de la pérdida, y por último, que el riesgo de la pérdida, que es en sí lo que inflama el deseo de lucha por ganar, necesita algo que lo enmarque en un contexto legal de igualdad de condiciones, representado en el juego de futbol, como en cualquier otro juego, por las reglas (la Ley) y los árbitros, quienes posibilitan que exista el juego, un ganador y un vencedor. Cosas que la clase política jamás debería de olvidar si desea mantenerse en la línea de su vocación: procurar el bien común.
*El autor es psicoanalista, traductor y profesor universitario. Instagram: @camilo_e_ramirez
