Opinión

El mundo ¿unido por un balón?

Para leer con: “Irish Blood, English Heart”, de Morrissey

México recibe al mundo. El problema es que el mundo ahora tiene mucho mejor vista.

Cuando era niño, el Mundial de México 86 llegó con una canción que también fue una declaración de principios. “El mundo unido por un balón”, decía. Nadie la cuestionaba, entre otras cosas porque en 1986 los desmentidos viajaban despacio.

En esas fechas, el país acababa de enterrar a sus muertos del terremoto del 85, cargaba una de las peores crisis económicas de su historia y, en la inauguración del Azteca, el presidente De la Madrid recibía la rechifla más sonora que cualquier mandatario mexicano hubiera escuchado en un estadio. Pero en este país, la fiesta fue la fiesta. El balón rodó.

40 años después, México organiza su tercer Mundial, o al menos, unos cuantos partidos. El lema es ahora más conservador. Aprendieron que el optimismo tiene fecha de caducidad.


Lo que no aprendimos es lo otro.

En 1986, la fiesta mundialista hizo las veces de anestesia. En 2026, parece una radiografía. Y lo primero que deja ver es la imagen de una manta sostenida por familias de desaparecidos frente a los preparativos de la inauguración. Ocho palabras. “El balón vuelve a casa, ¿nuestros hijos cuándo?”.

México llega al torneo más grande de futbol con 133,500 personas desaparecidas, cifra que creció 10.5% en 2025, según el informe anual de Amnistía Internacional. Además, celebramos esta justa mundialista con el dudoso honor de concentrar el 38% de todas las acciones urgentes por desaparición forzada ante el Comité de la ONU. No en la región. En el planeta.

Pero la fiesta continúa. Porque en México, la fiesta no para.

El gobierno convirtió la contradicción en narrativa. Lanzó el “Mundial Social”: 5 mil actividades comunitarias, 4 mil canchas barriales rehabilitadas, torneos de colonia. Si no puedes ir al estadio, al menos puedes patear un balón en tu calle. El gesto oscila entre lo solidario y lo condescendiente, según el humor con que se lea. Lo que no oscila es la aritmética: en 1986, con un día de salario mínimo se compraban dos boletos para el partido inaugural. Hoy, la entrada más barata para México vs. Sudáfrica equivalía a más de veinte jornadas laborales. El 98% de los mexicanos, según el especialista Omar Estrada, vio el partido desde su casa o desde la banqueta del vecino. Somos anfitriones de nuestra propia exclusión.

Pero lo importante para muchos es que México ganó. Victoria en casa, el Azteca gritando el primer triunfo mexicano en un partido inaugural en más de tres décadas. Si el fútbol es un espejo de la sociedad, este partido lo fue de manera involuntaria con más tarjetas rojas que goles y una victoria que se sostiene pero no termina de convencer.

Pero si México tiene sus contradicciones, el torneo completo no se queda atrás. Este es el primer Mundial de tres países que apuntan, amigablemente, para lados distintos. Canadá existe en el calendario. México pone el Azteca, la historia y el mariachi. Y Estados Unidos pone 78 partidos, la final, y los misiles. Semanas después de que Gianni Infantino le entregó a Donald Trump el recién creado “Premio de la Paz de la FIFA”. Así, el lema “el mundo unido por un balón” sería hoy inaplicable y tan de mal gusto como este último reconocimiento a Trump.

En 1986, el estadio desacreditó a un presidente y luego aplaudió a su selección. Los dos gestos fueron igualmente mexicanos. El abucheo y el gol formaron parte del mismo carácter. 40 años después, la presidenta se escabulló hábilmente y la selección dejó con dudas fundadas al público. Las cosas han cambiado en estas 4 décadas. ¿Será que aprendimos a mirarnos cuando el mundo nos mira a nosotros, o si seguimos necesitando un balón para no tener que hacerlo?

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.


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