Opinión

El amor que deja huella:

Columnista Laura Aguilar.
Columnista Laura Aguilar. /Cortesía.

En la vida de un niño hay vínculos que lo marcan para siempre. No siempre son los más visibles, pero sí los más profundos. Los abuelos son uno de ellos. No llegan con prisa, no educan desde la exigencia, no buscan hacerlo perfecto. Simplemente están… desde el cariño.

Y eso, aunque parezca simple, tiene un impacto enorme. Mientras las mamás vivimos entre responsabilidades, decisiones y tiempos que no alcanzan, los abuelos aparecen desde otro lugar: uno más pausado, más emocional, más presente. No corrigen todo, no apresuran, no presionan. Escuchan, celebran, acompañan. Ese tipo de vínculo le enseña a un niño algo fundamental: que puede ser quien es… y seguir siendo amado.

No es solo una percepción. De acuerdo con la American Psychological Association, los niños que mantienen una relación cercana con sus abuelos desarrollan mayor autoestima, mejor regulación emocional y un sentido más fuerte de pertenencia. En otras palabras, se sienten más seguros. Y esa seguridad emocional es la base de todo: de cómo se relacionan, de cómo enfrentan retos, de cómo se miran a sí mismos cuando crecen.

Los abuelos no solo crean recuerdos, construyen identidad. Son quienes cuentan historias, quienes transmiten valores sin imponerlos, quienes enseñan —muchas veces sin palabras— que el amor puede ser paciente, constante y suficiente. Un niño que crece sintiéndose profundamente querido, crece distinto. Se atreve más, confía más, tiene raíces. Y esas raíces no se ven… pero sostienen toda su vida.


En medio de la rutina, es fácil dar por hecho este vínculo. Sin embargo, hay algo que sí podemos hacer como mamás: permitir que exista y cuidarlo. Dar espacio a la convivencia sin prisas, valorar el tiempo compartido más allá de lo práctico, nombrar el cariño para que los niños lo reconozcan y, sobre todo, agradecer. Porque el tiempo pasa, y lo que hoy parece cotidiano, mañana será memoria.

Al final, todo se resume en algo sencillo pero poderoso: detrás de un niño que crece con seguridad emocional, hay vínculos que lo sostienen. Y muchas veces, uno de los más importantes… es el de un abuelo.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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