Opinión

Crecer sin imposiciones

Columnista Laura Aguilar.
Columnista Laura Aguilar. /Cortesía.

“Se fue a vivir con su pareja”. A veces esa frase basta para explicar por qué una adolescente dejó de ir a la escuela. Como mamá, me inquieta todo lo que queda sin preguntar: ¿quería seguir estudiando?, ¿se sentía segura?, ¿tenía otras opciones?, ¿sabía a quién pedir ayuda?

Una publicación del Consejo Nacional de Población —CONAPO— de agosto de 2025 reportó que 18.2 % de las jóvenes mexicanas había iniciado una unión antes de cumplir 18 años. En Querétaro, la proporción fue de 13.5 %. Estar por debajo del dato nacional no significa que podamos dejar de mirar lo que ocurre cerca de nosotras.

Las cifras sobre educación también merecen atención. La misma publicación señala que, a nivel nacional, asiste a la escuela 83 % de las adolescentes de 15 años, frente a 69 % de las de 17. La diferencia no puede atribuirse únicamente a las uniones tempranas. Entre los motivos de abandono escolar citados, 28 % corresponde a falta de dinero o necesidad de trabajar y 6.3 % a una unión o matrimonio.

Estos datos nos invitan a revisar qué posibilidades tienen nuestras hijas para continuar sus estudios y construir un proyecto propio. También nos recuerdan que el acompañamiento necesita recursos: cuando falta dinero para el transporte o una adolescente asume responsabilidades de cuidado, hace falta una respuesta que vaya más allá de pedirle que se esfuerce.


Desde casa podemos empezar por escuchar. A veces deseamos que nos cuenten todo, pero reaccionamos con un regaño cuando aparece algo que nos preocupa. Construir confianza implica preguntar antes de concluir, expresar límites sin humillar y dejar claro que pedir ayuda nunca será motivo para perder nuestro cariño.

Hablemos de relaciones, consentimiento, estudios y dinero. Preguntemos si pueden expresar lo que piensan, conservar sus amistades y continuar con sus planes. Prestemos atención cuando empiezan a faltar a clases, se aíslan o sienten miedo de contrariar a su pareja. Cada señal merece una conversación cuidadosa.

Esta responsabilidad debe compartirse. Los padres también tienen que involucrarse; las escuelas deben dar seguimiento a las ausencias y las instituciones ofrecer orientación, apoyos educativos y protección. Las madres necesitan una red que responda.

Mi llamado a las mamás es concreto: busquemos esta semana un momento sin pantallas ni prisas para preguntarles a nuestras hijas cómo están, qué desean y qué les preocupa. Si hay ausencias escolares, acerquémonos a la escuela. Si identificamos presión, control o violencia, busquemos orientación y protección; no tenemos que resolverlo solas.

Que nuestras hijas sepan que pueden construir su futuro y que, si necesitan ayuda para hacerlo, estaremos dispuestas a escuchar.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.


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