Durante una conversación marcada por la reflexión y el humor, el actor irlandés Colin Farrell (Dublín, 1976) habló de la humanidad que define al personaje, de la soledad contemporánea y de la necesidad de preservar la decencia en tiempos convulsos.
Recién cumplidos los 50 años, Farrell mira atrás sin nostalgia y hacia adelante sin certezas. Habla de su sobriedad con gratitud, de la fragilidad de la memoria, de la fundación creada en honor a su hijo James y de una pasión que conserva intacta desde la infancia: el fútbol.
Entre confidencias personales y observaciones sobre la condición humana, el actor reivindicó la empatía como una forma de resistencia humana.
MWN: Lo que más llama la atención de John Sugar es su profunda humanidad. ¿Qué le atrajo de ese rasgo?
--Cuando leí el guion vi enseguida que habitaba un personaje maravilloso en el centro de la historia. Me gustan los elementos del género, el tono neo-noir, los trajes, el coche, las calles de Hollywood, toda esa estética. Pero lo que realmente me atrapó fue su decencia. Sugar se mueve en entornos marcados por la violencia, y aun así intenta actuar con bondad. Eso me pareció extraordinario.
MWN: ¿Y qué le emociona especialmente de esta segunda temporada?
--Que sigue explorando esa búsqueda de la decencia. El personaje se enfrenta a situaciones difíciles, a conflictos internos, a zonas oscuras de sí mismo, pero eso no le detiene porque siempre intenta avanzar hacia algo mejor. No creo que nadie pueda ser decente todo el tiempo, pero el esfuerzo por serlo ya tiene valor.

MWN: Después de interpretar personajes tan oscuros como El Pingüino, ¿qué efecto tiene volver a alguien como Sugar?
--Es un regalo. No me llevó a casa esos personajes, pero trabajar durante meses al servicio de alguien tan tóxico como El Pingüino pesa mucho. Sugar es diferente. Ir al rodaje cada día para interpretar a alguien impulsado por la empatía fue una experiencia reconfortante.
MWN: ¿Le gustaría continuar mucho más tiempo con la serie?
--Sin dudarlo. Firmaría ahora mismo por tres temporadas más. Me encantaría ver en quién se convierte Sugar dentro de cinco años. No tenemos ni idea de hacia dónde puede evolucionar.
MWN: En la serie hay una mirada muy humanista sobre Los Ángeles y sobre la inmigración.
--Ese era el objetivo. No se trata de hacer un análisis político. La serie observa a las personas con curiosidad y empatía. Los guionistas exploran realidades que se viven en la ciudad de Los Ángeles y la inmigración es una de ellas, pero se hace desde una perspectiva humana. No queremos ofrecer un relato moralizante.
MWN: También habla mucho de la soledad.
--Porque forma parte de la experiencia humana. Todos buscamos conexión y a veces no la encontramos. Cuando llegué a Los Ángeles, a comienzos del milenio, me pareció una ciudad muy solitaria. Con el tiempo eso ha ido cambiando, pero la sensación de soledad no pertenece a una ciudad concreta; pertenece a la condición humana.
MWN: Acaba de cumplir 50 años. ¿Cómo vivió ese momento?
--Me sorprendí reflexionando más de lo que esperaba. No tanto sobre mi carrera como sobre la vida. A esta edad la mortalidad está más presente. Empiezas a entender que el camino que queda por delante es más corto que el que ya has recorrido. No es algo triste. Es real e intrigante.

MWN: ¿Hace balance de lo conseguido?
--Cada vez menos. He aprendido que los objetivos cambian cuando los alcanzas. Llegas a un lugar que parecía contener todas las respuestas y descubres que no era así. Luego buscas otro. Con los años entiendes que quizá no hay respuestas definitivas. Solo experiencias que vas viviendo contigo mismo y con los demás.
MWN: Ha dicho en varias ocasiones que no siente orgullo por sus más de dos décadas de sobriedad, sino gratitud.
--Exactamente. Conozco personas que lucharon muchísimo más que yo por dejar la bebida y no tuvieron la misma suerte. ¿Por qué yo sí? No lo sé. No siento orgullo; siento agradecimiento. Gratitud por los años que he tenido, por la gente que he conocido y por las oportunidades que he vivido.
MWN: Su fundación nació inspirada por su hijo James. ¿Qué le preocupa de las personas con necesidades especiales cuando llegan a la edad adulta?
--Hay una enorme falta de recursos. No solo afecta a las personas con necesidades especiales, también a sus familias. Necesitamos más opciones de atención residencial, más integración y más apoyo. Es una cuestión urgente.
MWN: Cambiemos de tema. Usted viene de una familia muy vinculada al fútbol y estamos en pleno Mundial. ¿Sigue siendo una pasión importante en su vida?
--Absolutamente. Mi padre y mi tío fueron futbolistas profesionales. El Mundial sigue siendo uno de los acontecimientos que más ilusión me generan. Cada cuatro años siento la misma emoción que cuando era niño.
MWN: ¿Todavía juega?
--Muy poco, para mi vergüenza. Hace unos años participé en un partido durante media hora y sentí una alegría inmensa. Había perdido toque, claro, pero la felicidad seguía ahí. Debería volver a jugar.
MWN: En tiempos tan polarizados, usted insiste mucho en la idea de la decencia.
--Porque existe. Lo que ocurre es que la crueldad y la codicia hacen más ruido. Son las que generan titulares. Pero para mantener la salud mental es importante recordar que también hay muchísima compasión, consideración y bondad en el mundo. Si no fuera así, este planeta ya habría salido despedido de su órbita hace mucho tiempo.



