La historia de Karla, una sobreviviente de trata que recuperó sus sueños

A los 16 años, un cliente la ayudó a huir de su padrote. Hoy es activista y apoya a otras jóvenes que al igual que ella fueron víctimas de trata

Por La Silla Rota

Karla Jacinto tenía 12 años cuando conoció a Gerardo Altamirano Campos en la estación Pino Suárez del Metro. Al principio la trataba como princesa, le ofreció el cielo y las estrellas. Se fue con él a base de engaños. Estuvo retenida en contra de su voluntad y forzada a prostituirse en un hotel de Irapuato. A casi una década de ese infierno su mirada brilla de nuevo y sus sueños se han vuelto a delinear.

A los 16 años, un 'cliente' la ayudó a huir de su padrote. Hoy es activista y apoya a otras jóvenes que al igual que ella fueron víctimas de trata. Karla es una de las voces de la campaña de la ONU #Aquiestoy que busca visibilizar este fenómeno en México.

Gerardo era 10 años mayor que ella cuando se conocieron. Karla estudiaba en la secundaria en la Ciudad de México. Tenía problemas en su casa, su madre trabajaba todo el tiempo y en la escuela no se adaptaba. Sufrió abuso sexual a los cinco años de edad.

“No me sentía amada y conforme fui creciendo viví una violencia extrema. Cuando lo empiezo a conocer, me platicó su historia y según él vivió algo similar a lo que yo estaba atravesando, platicamos y lloramos. Me sentí comprendida. En ese momento necesitaba apoyo, que alguien me escuchara y él apareció”

Karla Jacinto Cortesía

Después de un tiempo que la frecuentaba, Gerardo le propuso que fueran a Puebla. En ese momento le dijo que no. La convenció. Ella pidió permiso a su papá y accedió con la condición que no le comentara a su madre.

“Fuimos pero no llegamos a Puebla, nos quedamos en Tlaxcala, donde me apantalló con un Pontiac Trans Am rojo. Mi mamá trabajaba de empleada doméstica, éramos una familia muy humilde aunque nunca nos faltó comida, no teníamos los lujos que muchas personas tienen”

La llevó a conocer a sus primos, quien ya sabían todo de ella, dónde vivía, quién era su familia, en qué escuela estudiaba. Le comentaron que ellos iban a ser los padrinos de la boda, que Gerardo estaba muy enamorado de ella. Todo eso le comenzó a dar miedo y quería tomar el primer camión para regresarse a su casa.

“Dieron las 10 de la noche y yo le dije a este chavo, la verdad ya me quiero ir. Llegué a las 2 y media de la madrugada a mi casa, mi mamá estaba muy enojada, no me quería abrir la puerta y me dijo que si quería irme pues que me fuera de la casa y de tantas veces que me había corrido. Le dije que si ella no me quería había alguien que me estaba ofreciendo amor, cosas materiales y cariño, algo que yo necesitaba en ese entonces”

Se regresó con él a Tlaxcala. Los primeros tres meses la trataba como a una princesa, le dio afecto, zapatos, ropa, chocolates, rosas y lo principal, la escuchaba. Durante ese tiempo, Karla observó situaciones raras como que sus primos traían mujeres diferentes cada semana. Juan le contó que su familia se dedicaba al comercio. Después le confesó que sus primos eran padrotes, que se dedicaban a cuidar a sexoservidoras.

“Me dijo que yo estuviera tranquila, que yo me iba a casar con él, que no me preocupara, pero todo cambió, me dijo que ahora yo tenía que trabajar y que le tenía que ayudar. Le pedí que me llevara con una mujer que le decían La morena, quien yo pensaba que trabajaba de comerciante. No fue así”

Primero la llevó a Puebla y ahí le sacaron una credencial de elector falsa. Los tres, La Morena, Gerardo y Karla se fueron a Irapuato. La llevaron a un hotel. Le dieron un condón y le explicaron lo qué tenía que hacer y cuánto tenía que cobrar.

“Me impacté. La primera vez fue muy difícil, porque me recordó cuando fui abusada y me quería morir, extrañaba a mi madre. Cuando alguien estaba conmigo yo cerraba los ojos. Todo pasaba por mi mente, sentía que estaba perdiendo a mi familia y solo veía lo que este hombre estaba ganando con mi cuerpo”

Durante los cuatro años que permaneció con él, estuvo amenazada de muerte. Gerardo y sus primos le advirtieron que sí decía o intentaba algo le iban hacer daño a su familia. Llegó a tener 30 servicios al día.

“Cuatro años viví eso, él abusó de mí, me golpeaba. Me llevó a muchos hoteles, donde hombres, mujeres, personas que tenían o no dinero abusaban de mí y me decían que yo solo era un objeto, que era nada. Ellos pensaban que eran superiores a nosotras. Solo nos tenían como basura, paradas en esquinas o sentadas en un hotel. Estábamos siendo negadas por parte de la sociedad. Nadie nos ayudaba, no podíamos tener una voz propia. Teníamos que ser solo una pared. La verdad es una vida muy fea”

Gracias a un cliente de 62 años que se llamaba José Caballo Becerra, quién ya murió, logró retomar su libertad. Ese hombre fue la única persona que vio lo que nadie. “Vio a una mujer, a una niña que tenía futuro en muchas cosas, que quería aprender, que quería tener una familia y éxito. Gracias a él estoy aquí”.

José la ayudó a huir del hotel donde la tenía Gerardo. Karla acababa de cumplir 16 años. Se subió a un camión y llegó a la Ciudad de México a casa de un familiar. Después se acercó a la Fundación Camino a Casa, donde durante dos años la apoyaron de manera psicológica y con sus estudios.

“Muchas personas no se dan cuenta y solo quieren taparse los ojos para permitir la corrupción, pobreza, a que más gente se quede en la calle y más gente sea vulnerable para que otras personas se aprovechen”

Explica que le costó trabajo salir adelante. A los 16 años empezó a caminar de nuevo. No solo por ella sino por su hija. Por su pequeña que ahora tiene 10 años y algún día le contará todo lo que vivió. Gracias a ella se ha aferrado a la vida. “Por mi hija estoy aquí. Ella me ha enseñado qué es realmente vivir”.

Después de todo lo que atravesó, apenas se pudo dar un tiempo para estudiar la preparatoria. El próximo año espera iniciar una carrera universitaria. Aunque todavía no se decide qué. Le gusta la imagen y la consultoría de belleza.

Karla ahora tiene 25 años y 9 que está fuera de peligro, aunque no han detenido a su tratante. Lucha para que Gerardo pague por todo lo que hizo y por el daño que le hizo a otras mujeres.

La campaña contra la trata de personas

Felipe de la Torre, representante de la oficina de UNODC en México, señala que la campaña #AquíEstoy busca sensibilizar a la población que piensa que este delito no lo toca o no sucede en su entorno, además de que busca llegar a las poblaciones vulnerables, como indígenas, mujeres, niños.

La campaña de la ONU, sociedad civil y autoridades federales contra la trata de personas ha logrado en sus primeros 14 días de actividad duplicar los reportes por este delito a la Línea Nacional Contra la Trata, el 01800 5533 000, del Consejo Ciudadano de la Ciudad de México.

Además, esta campaña ha permitido recibir 14 llamadas de personas en riesgo potencial de ser víctimas de trata, así como seis más de gente que sufre otro tipo de delitos como la explotación sexual forzada, en tanto, 23 llamadas más han sido de tipo informativo.

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