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La danza de los voladores de Cuetzalan, Patrimonio Cultural de la Humanidad

Los voladores acuden a la iglesia a ofrendar a Dios su danza y traición, ya que han podido complementar la tradición prehispánica con la católica

Por EFE

Chocolate, cebolla, tomates, chiles secos, semillas y un guajolote vivo son ofrendados a la madre tierra por los voladores de Cuetzalan, municipio del estado de Puebla en el centro de México, en el hoyo donde se asientan el palo del Volador.

Desde muy temprano los habitantes se reúnen en la plaza principal a observar la preparación del espacio donde se asentará el palo, que en esta ocasión tiene 27 metros de altura y fue seleccionado y cortado con un ritual por los diferentes grupos de danzantes.

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Todo comienza con la definición de la medida ideal del tronco para introducirlo en el hoyo del que sacarán el anterior, con machete y sierra eléctrica comienzan a darle forma, quitándole los bordes que puedan ser peligrosos, así como logrando que la base sea adecuada para que se “tambaleé” cada vez que sea utilizado.

Al tiempo se celebra un primer ritual en el que se le reza y humean el palo con inciensos y copal con la intención de purificarlo y lograr que este “limpio” para que cuando los voladores emprendan su vuelo, éste sea libre y sin peligros.

Cuando ya están listos, los voladores acuden a la iglesia a ofrendar a Dios su danza y traición, ya que han podido complementar la tradición prehispánica con la católica. Con su baile a pie del altar ofrecen un guajolote vivo, que es el símbolo de protección, ya que su creencia señala que las alas del ave al morir los ayudarán y protegerán en cada uno de los viajes que realicen.

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Posteriormente, al guajolote se le quiebran las alas para introducirlo al hoyo donde los habitantes, danzantes y autoridades cubren al ave viva con flores, velas y los ingredientes del tradicional mole poblano como parte del agradecimiento que tienen por dejarlos volar en la plaza principal de su municipio.

Don Jesús, habitante de Cuetzalan, compartió que tiene más de 60 años participando en este ritual, que es importante para su municipio y para mantener vivas sus tradiciones, ya que es una riqueza invaluable para ellos.

“Son los usos y costumbres de los antepasados, para que no les pase nada los que van a volar ahí, a veces se revienta el lazo, a veces pasa un accidente, se caen o se golpean, para que no pase eso, por eso ponen el ritual y cuando lo van a parar va a ir el guajolote abajo del palo, abajo de la ofrenda”, dijo.
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