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Nuestras vulvas no son criminales de nada: Olimpia Coral Melo

La activista Olimpia Coral Melo fue incluida en la revista Time como una de las 100 personas más influyentes de 2021 en el mundo

Olimpia Coral.

Olimpia Coral Melo buscará que su aparición en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo de la revista Time sirva como escaparate para visibilizar la violencia digital que viven niñas y mujeres.

  1. ¡Atención! ¿Buscas un trabajo nuevo?

En una entrevista con Publimetro, reconoció que este nombramiento es el resultado de una lucha que ella inició a nivel personal hace ocho años.

Sin embargo, se concretó con el acompañamiento de sus compañeras y alcanzando un un beneficio general.

Y es que apenas en abril de 2021, el Congreso de la Unión aprobó la llamada Ley Olimpia, que castiga hasta con seis años de cárcel a quien comparta contenido íntimo de un tercero sin su consentimiento.

  1. ¡Qué orgullo! Olimpia Coral, impulsora de la ‘Ley Olimpia’, entre las 100 personas más influyentes de la revista ‘Time’

Sin embargo, asegura que preferiría que las felicitaciones y mensajes de celebración por este logro se tradujeran en acciones afirmativas para la violencia digital.

¿Cómo te sientes con este reconocimiento?

—Muy esperanzada, porque más allá de los aplausos o los egos, o lo que significa compartir en una revista tan prestigiada –pero a la vez tan cuestionada en estas listas–, para mí significa poder ser escuchada en todo el mundo.

Y no sólo Olimpia, sino la causa que he llevado estos años junto con mis compañeras y con el propio movimiento, que es el respeto a nuestra intimidad sexual a través de los medios digitales y que sea también una agenda a nivel mundial.

Ojalá con esta mención se logre figurar con el presidente de Estados Unidos y con activistas a nivel mundial y que se vea con claridad, importancia, merecimiento y, sobre todo, empatía, la legítima idea de que los cuerpos de las niñas y las mujeres —tanto en espacios offline como online– no sirvan para la cosificación, la misoginia y la minimización de verlos sólo como objetos sexuales y no como personas sujetas de derecho.

Yo espero que esto sirva para abrir la puerta al mundo de lo que logramos en México se puede alcanzar en todo el planeta.

Y no nada más una reforma legislativa sino una causa de conciencia para cambiar la realidad de las mujeres y de las niñas en los espacios digitales.

¿Cómo te enteraste de tu aparición en la lista?

—Me empezaron a llegar muchos mensajes y llamadas de felicitación. Días antes recibí un correo en el cual me pedían verificar una información mía por parte de la revista Time, pero la verdad creí que era un reportaje, no sabía que saldría en esta lista.

La verdad, no medía la magnitud de la mención y a partir de eso comencé a hacer conciencia del impacto, la importancia y, sobre todo, de la responsabilidad que implica aparecer y ser la única mexicana y mujer latina.

¿Cuál es el mensaje que les harías llegar a las víctimas de violencia digital?

—Comenzar diciéndoles –desde el fondo de mi corazón– que no es su culpa, que nos van a decir de todo, nos van a llamar y culpar de todo, porque nuestra desnudez ha sido muy satanizada en todos los tiempos de la historia.

El que hayamos ejercido confianza, cariño o simplemente un acto sexual, no nos hace culpables de la difusión de ese material. No se sientan culpables.

El día en el que le quitamos la culpabilidad a nuestro cuerpo desnudo y no creemos las amenazas, estigmas e intimidaciones –y todo lo que nos hacen pensar por nuestra desnudez– el miedo cambia de bando y el agresor pierde todo el poder que tiene contra nosotras.

No es cierto que somos menos mujeres por haber hecho sexting, no es cierto que seamos culpables por haber confiado y vivir nuestra sexualidad libremente.

No es cierto que se nos va a acabar el mundo, eso es lo que nos hacen creer. A pesar de que tal vez nos culpe nuestra familia o pareciera que se nos cierra el mundo, luchemos.

Cuando luchamos salvamos a todas; cuando una habla, hablamos por todas. No hay que tenerle miedo a nuestras vulvas, a nuestras lonjas, a nuestros pelos, a nuestro rostro y piel, porque no son criminales de nada.

Criminales son quienes difunden, comparten y publican este contenido. Y no sólo porque lo diga yo o el movimiento feminista, sino porque ya hay una ley que lo menciona, y aunque la ley no sea la panacea, ni la varita mágica; es la idea fundamentada, jurídica, total y política de que el estado reconoce cuándo es un crimen o cuándo no. Ejercer nuestra sexualidad online no es un crimen, difundirlo sin nuestro consentimiento sí lo es. Ojalá que lo que nos pasó a nosotras sirva para que a otras no les pase, que lo hagamos con prevención, que nos cuestionemos todo, que tengamos siempre en la cabeza que nada que beneficie a la cultura porno nos empodera.

Que nuestros cuerpos no deberían de ser cosificados y que nuestra desnudez nunca debería de ser parte de un pecado, un crimen, ni de un delito.

Hay que luchar siempre, pero más allá de denunciar o llamar a la denuncia, se debe tener empatía y contención emocional; porque de nada sirve tener una ley que castigue o tener a todos los agresores en la cárcel si nosotras nos vamos a seguir sintiendo mal o culpables.

Lo más importante es entender que nosotras no somos eso que nos dicen y que un video o una fotografía no nos define como personas.

Lo que nos define es lo que hay dentro de nosotras y cuando nos acordamos de eso no hay nada, ni poder absoluto, ni ley incluso, que pueda combatir esa violencia tan misógina y machista.

Que soñemos con que lo que nos pasó a nosotras ninguna otra mujer lo pase, y entonces a lo mejor entendamos que lo que no es para nosotras tal vez sea para ellas.

¿Qué hace falta con la Ley Olimpia?

—Muchas cosas. En primer lugar, faltan campañas de prevención; pensar que gracias a que existe la Ley Olimpia se puede hacer sexting seguro es una falacia, no es verdad. El sexting seguro no existe en un internet patriarcal, en donde los algoritmos son hechos por hombres y que las principales redes socio digitales que operan en el mundo están fundadas y arraigadas en un movimiento científico de hombres. Y no porque sean hombres, sino por la construcción social en las que han surgido, ha sido con base en el enaltecimiento de la cultura porno y sobre los derechos de las mujeres. Pensemos siempre, 45 mil veces, sobre el sexting y la cultura patriarcal. No por eso nos sintamos culpables, cuestionemos y deconstruyamos en un sentido de la prevención. En segundo lugar, es importante que la sociedad haga conciencia sobre su complicidad al momento de culpar a una persona de difundir estos nudes e imágenes sexuales no consentidas, porque cada like y cada compartir significa una agresión a una mujer, aunque no la veas o toques. También se contribuye a la violencia cuando interactúas sin conocer nuestras historias y sólo los cuerpos. En tercer lugar, haría un llamado a la iniciativa privada, a esta coparticipación en los mercados de explotación sexual en nuestro país, al menos en América Latina, en Facebook, Twitter e Instagram, como principales promotores de la difusión no consentida de nuestro contenido. Si ellos generaran en sus algoritmos la prohibición completa, la no complicidad sobre la difusión de estos contenidos, tal vez las cosas cambiarían.

Al nombrarme como una líder mundial y la única en México, haría el llamado a estas instituciones, pero además a políticos y legisladores que utilizaron como bandera política el voto a favor de la Ley, que ahora apoyen con lo que sigue; acciones afirmativas porque no solo era un slogan, un poster para ganar votos, sino que ayuden con campañas de educación digital.

¿En qué proyecto estás participando ahora?

—Te doy la primicia, estamos trabajando para sacar este año una guía de atención a víctimas que tiene tres líneas de trabajo. Lo primero es la contención emocional; la contención digital y la contención jurídica.

Busca ser integral. En ella participan todos los colectivos de todos los estados, a través de defensoras digitales.

Estamos estudiando los casos y las necesidades que hay dentro de los procesos jurídicos, pero no hay quién aporte económicamente y vamos a empezar con una campaña para juntarlos y sacar esta guía.

Lamentablemente, nosotras no ganamos un sueldo por este activismo y creo que aquí es donde debemos poner el dedo en la llaga para que todas estas instituciones que de un lado a otro han celebrado la Ley Olimpia, con tantita voluntad podrían ayudar a más personas y más víctimas.

Creo que es importante capacitar desde la intención personal y desde la perspectiva de género y feminista y victimológica a las instituciones de justicia.

Hasta ahora, sólo la CDMX es en donde se han hecho diferentes campañas y en transportes se leen mensajes de ayuda y prevención a las víctimas de violencia digital. En ningún otro estado en donde se aprobó la Ley Olimpia ha pasado.

Y esto es para que todos los legisladores y todos quienes apoyan el movimiento tomen el ejemplo, y los que no lo han hecho, levanten la mano y pregunten en qué ayudan.

Yo agradezco mucho las felicitaciones, los tuits y las menciones, pero agradecería más que fueran acciones afirmativas en las cuales esta cara y cuerpo de Olimpia vuelva a servir para ayudar a más mujeres que están siendo víctimas y que no solamente se traduzca en una reforma legislativa; sino en acciones que prevengan lo no haya una más viviendo lo que yo viví.

Ya que aterrizaste un poco más aparecer en la lista, ¿qué sigue para ti?

—Yo quiero aprovechar el momento para dirigirme al mundo y decirle justo a las redes socio digitales que ojalá algún día pudiera yo platicar con Mark Zuckerberg, con Google, con las personas que hacen los algoritmos para poder sensibilizar. Porque de este lado ellos ven capitalismo digital y enaltecen la comunicación a través de la digitalización, pero nosotras vemos una agenda mundial de cultura digital sin las mujeres y sin ver que detrás de los algoritmos y el acceso a las tecnologías no se ha abierto la oportunidad para que las mujeres que las usamos nos encontremos seguras. Yo sueño con eso, me gustaría que eso pasara, que sirvieran estos espacios personales para poder decirles: ‘Si el algoritmo no fuera machista, misógino y no se permitiera la distribución de estos contenidos, estoy segura de que cambiaríamos el mundo para evitar la distribución de contenido sin autorización’.

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