Espejos

Sería interesantísimo que pudiéramos dedicar un día o al menos unas horas a revisar qué cosas compartimos con las personas que detestamos más

Espejos

Alguna vez alguien me preguntó que cuál era la manera más fácil de superar el odio y poder perdonar a quienes nos hicieron daño. Aunque no sea algo tan elemental, es sencillo si se contempla desde la perspectiva de unidad.

¿Se ha preguntado si las personas que llegan a su vida, ya sea por un instante, o por mucho tiempo, para un simple cruce de miradas, o para compartir lo más importante, lo hacen por azar? ¿Cuál o para qué es el mecanismo que acciona todos los encuentros y las experiencias agradables o desagradables que vivimos con y a través de los demás? ¿Tienen algún propósito o simplemente son las circunstancias de una vida que se empeña en molestarnos y ser hostil con unos, mejor con otros?

Sería interesantísimo que pudiéramos dedicar un día o al menos unas horas a revisar qué cosas compartimos con las personas que detestamos más, comenzando por los que nos han roto el corazón, hasta los compañeros de trabajo a quienes más criticamos. Seguramente encontraríamos muchas más coincidencias de las que quisiéramos y nos iríamos para atrás, pero este mero ejercicio sería tan revelador y útil como ponerse frente al espejo de manera completamente honesta.

“Me traicionaron, me robaron, me engañaron, me insultaron, me agredieron, me ofendieron, me abandonaron, me hicieron”, irían transformándose poco a poco en una revelación fundamental para nuestro crecimiento: ¿Y si el que siempre me engaña sólo está reflejando aquél aspecto de mí que también engaña y se engaña? ¿Y si me vuelvo capaz de encontrar en mí lo que tanto vocifero que me molesta en otros? ¿Y si realmente asumo la responsabilidad de admitir que las quejas y las críticas en realidad son proyecciones de lo que me estorba de mí pero que sólo puedo decir a través de otro?

Nadie está en nuestra vida de manera fortuita, porque nada está separado; y la inteligencia superior que nos ha creado y de la que somos parte, funciona matemáticamente y sin equivocaciones. No es casualidad que estemos rodeados de los seres que nos acompañan, y ellos únicamente cumplen un papel que de alguna forma hace el gran servicio de dejarnos saber qué contiene nuestra conciencia. Si no fuera así, entonces las experiencias serían idénticas de unos para otros, y no habría cambios en la percepción.

Hay personas que sólo son capaces de ver la luz en el más despiadado delincuente, y hay quienes sólo ven errores y defectos en las personas más bondadosas. Puede ser que la relatividad de Einstein se refiera más al estado de la conciencia que a un fenómeno físico: como vemos al mundo, somos; y como lo asimilamos vivimos lo que vivimos.

Sólo por ocio dese a la tarea un día, de imaginar que todo lo que ve al exterior de usted, realmente vive dentro, y de experimentar la sensación de que todos los demás son usted mismo pero en diferentes facetas y cuerpos; sea su propio investigador y científico, y toque esas fibras dentro que comienzan a sonar cuando alguien fuera –que tiene la misma llave tonal– las activa.

Cuando como individuos y como colectividad nos demos el permiso de cruzar la frontera de la ilusión de que todo está separado para tomar la responsabilidad consciente por nuestras elecciones y actos como unidad indivisible, estaremos hablando de cambios de verdad, y no sólo de paliativos que jamás brincarán al siguiente nivel de crecimiento y evolución.