Guardia Nacional merece beneficio de la duda, sin caer en la militarización

La senadora Indira Kempis respondió a la pregunta ¿Es indispensable que la Guardia Nacional que operará en el próximo gobierno integre a elementos de la Marina y el Ejército?

Por Indira Kempis Martínez

En algo sí estamos de acuerdo. El país está hecho un río de sangre. Cuando la seguridad trastoca la integridad de cada persona, todos perdemos. No hay nadie, independientemente, de su clase social, educación, nivel socioeconómico, preferencia sexual, religión, y un largo etcétera que se “salve” de la impunidad, de la violencia del crimen organizado, de las autoridades que coludidas con los delincuentes, lastiman a cada familia mexicana vulnerando sus derechos, su paz, su vida.

En esa claridad, se entiende, cómo en la última década las únicas instituciones en las que se pudo “confiar” [entre excepciones] fue en la marina y la milicia mexicana. Las comillas son a propósito de las miles de violaciones a derechos que cometieron o les cometieron en esa proeza de vivir en un país que en donde no nos atrevemos a llamar guerra a lo que es, porque es una guerra invisible.

Quizá, como dicen, no se puede dar marcha atrás. Sin embargo, ¿por qué poner en riesgo a estas instituciones, por qué hacer una mezcla entre las funciones de policía civil y militar?, ¿por qué el Plan Nacional de Paz y Seguridad, el gobierno entrante pretende trasladar a un número significativo de policías federales a la Guardia Nacional?

La realidad es que no tenemos, pese a este documento, certidumbre sobre exactamente cuál sería el papel de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública. 

En lo que varios expertos coinciden es que se debe tomar en cuenta los resultados de administraciones que sacaron a los militares de los cuarteles y cómo es que se ha minado la confianza institucional. De hecho, es por eso mismo que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, reconociendo el esfuerzo del Ejército y la Marina, tumbó la Ley de Seguridad Interior, declarando su inconstitucionalidad, lo que implica que se determina que los militares no deben hacer funciones de seguridad pública.

Por supuesto, que hay que dar beneficio de dudas ante la falta de certezas que nos otorga este Plan. Pero, que tampoco quepa duda que militarizar el país es una estrategia fallida. Que estos traslados entre la policía, la Marina, de nos ser cuidados con las funciones, pueden resultar desastrosos. Eso no lo escribo yo, lo dice la realidad dolorosa de los últimos años.

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