¿Por qué nos atoramos en lo retro?

Por Eduardo Navarrete

Para ser leída con: “Dancing With Myself” de Billy Idol

Observa tus manos. Ellas son el mejor testimonio de tu historia y de tu histeria.

En ellas se encuentra respondido el acertijo del pasado pero igualmente es presentado como nostalgia de moda, a falta de ideas nuevas. El pasto era más verde antes. Los valores eran cosa seria. Los amigos de antaño se comprometían. Los dulces sabían mejor y los días duraban más. Por poner un puñado de ejemplos.

Toda historia tiene más de una lectura, pero cada quien hace la suya y lo más importante de esta épica: se aferra a ella.

De esta manera, el vínculo que tenemos con lo que sea es a partir del apego y la proyección al pasado no suele estar libre de neurosis ni de hipérboles a modo.

Pero hay algo más simple: si llevamos viendo hacia atrás tanto tiempo, es porque no se nos ha ocurrido algo nuevo. Y muy probablemente esa sea la tendencia favorita en la cual nos hemos instalado de manera cíclica.

Lo mejor para comprender el paso ordenado, cronológico y paulatino de escuelas de pensamiento, tendencias y oleadas generacionales es dibujar una línea en la que cuelgues momentos como si fuera ropa interior.

Así encontrarás que en los años 60 estallan muchas cosas bajo el amparo de las épocas psycho y hippie, mientras que para los 70 estalla el constructivismo lounge. Para los 80, una doble moral se cubre con el manto del pop y una oleada fresa sacude al mundo. En los noventa empiezan las preguntas con la generación Y e I: ¿hacia dónde?

Y ahora cuelga la pregunta: si tuviéramos que autoclasificarnos en una generación, ¿cuál sería?; ¿cómo se llamaría?; ¿qué características tendría? Y ahí nos quedamos.

Por definición, una era tiene inicio y fin, y los estudiosos de las oleadas generacionales están desesperados con dos cosas. Una, la estética de la antiestética (que básicamente se puede subtitular bajo el paraguas de que todo lo naco es ahora chido), y dos, que parece haberse estacionado esta moda retro, desde el diseño automotriz hasta la generación musical.

Pero tampoco lo tomes tan en serio. Todo es un juego. Dicen que una de las mejores formas de conocerse es por medio del juego. Así que toma un Rubik o un Atari y encuentra que esta nostalgia por la patilla, por el cine de ficheras y su cristalina vestimenta, por los pesados y enormes anteojos de pasta, vinilos, peinados que no lo son, mallones, y diseños abiertamente de época, tienen como causa, un reclamo a ese callejón generacional sin salida.

Pero sin que todo sea drama, se vale jugar. Se vale disfrazar, creer que eres tu papá con sus camisas entramadas y un cuellote. Después de todo, lo retro no deja de ser un concepto, y como tal, se puede modular, cambiar, eliminar o adoptar.

Si es juego, juega. Porque bajo el influjo de una mente proyectiva, se le superimponen a la realidad características que no tiene, se hacen designaciones y juicios de valor subjetivos y se aferra uno al tiempo pasado, por ejemplo.

Por ello valdría la pena no juzgar lo que se ve, sino simplemente verlo.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en los contenidos de la sección Opinión y de todas las columnas y artículos, son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y de quien las firma, y no representan el punto de vista de Publimetro

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