Psicoanálisis debe integrarse más a la sociedad, pide ganador del Premio Sigourney

El doctor Helí Rafael Morales Ascencio fue distinguido con el máximo galardón en el campo del psicoanálisis por su investigación durante una década en esta disciplina

Por Ignacio Campos

¿Qué es el premio Sigourney y cuál es su importancia en el ramo del psicoanálisis?

—Es un premio que se otorga desde 1990, desde mi perspectiva y, guardando las debidas proporciones, sería el equivalente a un premio Nobel, pero en el campo del psicoanálisis. Es un premio que se otorgó a mí, a otros colegas y a una asociación de Sudáfrica por 10 años de trayectoria, es decir, lo que se premió es por lo que se ha hecho en los últimos 10 años y, en ese sentido, se busca reconocer a quienes han podido aportar algo al campo del pensamiento del psicoanálisis y hay un énfasis en que la posibilidad de esta disciplina salga del consultorio, digamos de la dimensión clásica, y pueda tener injerencia en el campo de lo social y lo comunitario. Este premio, de algún modo, apoya a quienes intentamos hacer algunas innovaciones, tanto en el campo teórico, como en el clínico.

¿Qué contribución lo hizo acreedor a este galardón?

Doctor Helí Morales Ascencio Doctor Helí Morales Ascencio, ganador del premio Sigourney. / Doctor Helí Morales Ascencio

—Es difícil decirlo, pero desde mi perspectiva…tengo muchos años trabajando en la investigación del campo del psicoanálisis. He escrito personalmente ocho libros, además de ser coautor con otros filósofos, antropólogos y lingüistas de más o menos 35 libros, lo que confirma una trayectoria de muchos años de escritura. Al mismo tiempo, formo parte de la Escuela de la Letra Psicoanalítica con el que estamos proponiendo un programa para quien quiera venir de psicoanalista, pueda prepararse ética, teórica y prácticamente en este oficio tan difícil. Creo que mi aportación ha sido en el campo de lo teórico, con mis libros; en el campo de la transmisión, con lo de la Letra Psicoanalítica, que muestra todo lo que allí estamos haciendo. Esta escuela, considero importante decirlo, no está construida a partir del modelo clásico que está en prácticamente todas las instituciones donde hay un presidente, coordinador o jefe. Nosotros proponemos un modelo diferente, de lazo social pues trabajamos a partir de colectivos. Otra contribución es que, con otros colegas, hice la Fundación Social del Psicoanálisis, que son clínicas de escucha psicoanalítica en distintas ciudades del país que reciben a personas que no tienen los medios para pagar esto. Colegas de alta capacidad profesional atienden a personas por muy poco dinero y la fundación se encarga de darles un salario digno. Actualmente tenemos especial atención en mujeres violentadas, sobre todo con las que han sufrido o padecido violación sexual. También estamos trabajando y escuchando a familiares de desaparecidos políticos, con distintas ONG’s, colectivos.

Hablando de la Fundación Social del Psicoanálisis ¿Qué objetivo persigue?

—Busca que la escucha psicoanalítica llegue a la gente que no tiene suficientes recursos económicos. El psicoanálisis ha tenido un ala elitista, en general, es gente de la clase media y alta la que se puede pagar estos tratamientos y por eso se busca que los menos favorecidos puedan acceder al psicoanálisis, que es un campo del saber clínico muy avanzado y por eso, nosotros como psicoanalistas, buscamos que pueda llegar a mucha gente. Tenemos varios campos de intervención y de investigación: uno es las mujeres violentadas; otro, familiares de desaparecidos políticos y otro más tiene que ver con las personas transgénero, aquellas que están haciendo transición donde buscamos que puedan tener un espacio para hablar de todo lo que les implica y está en juego. El objetivo de la fundación es tener una nueva relación con la ciudad pues siempre ha sido una especie de médico sofisticado que está en su consultorio muy arregladito, pero buscamos que el psicoanálisis tenga una relación con la ciudad, con el Estado, con clínicas; por ejemplo Clínica Condesa, donde se recibe a mujeres que han sido violentadas; hombres y mujeres con VIH; también estamos vinculados con colectivos de mujeres, de familiares de desaparecidos. Buscamos establecer un nuevo modo de vínculo con la ciudad, con el Estado y con la gente sin que esto implique un menosprecio de la calidad de los psicoanalistas, ¿qué quiero decir? no son psicoanalistas que no tengan una formación sólida y por esta razón cobren poquito, ¡no! Somos psicoanalistas que tenemos muchos años de práctica. En la fundación también hay psiquiatras y abogados porque queremos tener un vínculo con la Fiscalía de Investigación de Delitos Sexuales, también buscamos lo mismo con la subsecretaría de Derechos Humanos, es decir, lo que intentamos es que el psicoanálisis pueda tener injerencia y campos de intervención en lugares donde antes no se había tenido.

Psiconalálisos La violencia sexual contra las mujeres, desde el punto de vista del psicoanálisis, se da por la incapacidad del hombre para entender su sexualidad. / Dreamstime

¿Cuál considera que sea la raíz del problema de la violencia sexual  y qué acciones deberían emprenderse para disminuir sus números alarmantes?

—Es una pregunta muy difícil porque implica diversos factores. La violencia contra las mujeres tiene múltiples causas: económicas, políticas, educativas, el machismo. Desde el psicoanálisis tendríamos una lectura muy particular, pues plantea que la sexualidad de las mujeres implica un enigma, una dificultad de comprensión. Hay una dimensión del erotismo y subjetividad de las mujeres que muchas veces amenaza a ciertos hombres y, esta amenaza, puede producir, no porque la sexualidad de las mujeres sea amenazante, sino porque hay hombres que la pueden sentir así y la respuesta de algunos de ellos a su incapacidad para comprender la maravilla, la singularidad o el misterio de la sexualidad o subjetividad de la mujer, es la agresión. La violencia contra las mujeres es multivectorial, porque no es lo mismo en clases menos favorecidas o en otro tipo, o la dimensión sociológica que implica, por ejemplo, vivir en lugares hacinados o el machismo cultural de la sociedad latinoamericana, pero también norteamericana o europea, pero sí hay en la mujer una singularidad que para muchos hombres, ante su ignorancia, lo que hacen es responder con violencia y con intolerancia a la diferencia.

¿Qué mensaje comparte a nuestros lectores para que, a pesar de los problemas que se viven hoy en día, mantengan una salud emocional estable?

—En estos momentos muy difíciles de pandemia y de otras preocupaciones lo que es importante es que, quien se sienta en una situación de crisis, decaimiento o desánimo, acuda a espacios donde hay profesionistas que pueden apoyar, incidir o intervenir para que se puedan tratar todas estas dimensiones. Hay espacios tanto privados como del gobierno, la persona debe reconocer que necesita ayuda no nada más porque se siente mal, sino porque quiere estar mejor, que acuda a estos lugares donde puede ser viable. Cuando el problema rebasa la posibilidad de que no pueda plantarse ante el mundo de una manera, que, digamos, lo haga sentir bien, lo que sí puedo decir es que hay muchas prácticas que permiten que las personas puedan  cambiar su mundo interno y también su mundo relacional.

¿Algún comentario final?

Ha sido un gran honor haber ganado este premio y haberlo ganado también para México, pues es un premio internacional y comparto con mis colegas esta alegría y el compromiso que esto implica.

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