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Mañaneras de AMLO son un ejercicio de propaganda, no informativo: Luis Estrada

En tres años, AMLO ha realizado más de 70 mil afirmaciones no comprobables o falsas, todas, con fines de propaganda.

Una de las promesas de campaña de 2018 del entonces candidato, Andrés Manuel López Obrador, fue informar todos los días al pueblo de México de las acciones de su Gobierno. Tras su triunfo el 1 de julio, y su investidura presidencial el 1 de diciembre del mismo año, el mandatario ha realizado más de 800 conferencias de prensa, en las que se dicen un promedio de 90 afirmaciones no comprobables, por conferencia, y que son utilizadas más como un ejercicio de propaganda, que como un ejercicio de transparencia o rendición de cuentas.

Así lo señala Luis Estrada, director de SPIN-Taller de Comunicación Política, en su más reciente libro “El imperio de los otros datos: Tres años de falsedades y engaños desde Palacio”, en el que resume los primeros tres años de sistematizar todas y cada una de las conferencias de prensa matutinas del presidente Andrés Manuel López Obrador.

El proyecto, explica Estrada, surgió al darse cuenta de que el presidente evadía responder las preguntas de su conferencia. “Lo que vimos fue que las características de las conferencias de AMLO al inicio eran justo lo contrario de cualquier conferencia de prensa. El presidente evadía las preguntas, el presidente escogía quienes se sentaban y el orden en el que se sentaban. [Los periodistas] han pasado por diferentes filtros que no necesariamente tienen que ver con la importancia del medio o con el impacto su audiencia, sino con una idea de que el presidente pudiera controlar, quién preguntaba y quien no. Cuando vimos esto, pensamos que era importante analizar -de entrada- qué era lo que el presidente estaba permitiendo que se preguntara y cómo estaba contestando”, comenta en entrevista con Publimetro.

La medición de las conferencias matutinas del presidente evolucionó para recopilar más datos sobre el contenido de la presidencia. “Empezamos a ver que había otras formas de analizar el contenido de las conferencias, por ejemplo: ¿Quiénes iban?, ¿Quiénes participaban?, ¿Cuánto duraban?, ¿Cuánto duraban las preguntas?, ¿Cuánto duraban las respuestas?”.

Para poder responder estas preguntas, Luis Estrada y el equipo de SPIN se basan en todo lo que dice el presidente y que es público a través de las versiones estenográficas, que son versiones públicas, además de las transmisiones de video de los eventos del mandatario. “Con información pública, con el testimonio del presidente, simplemente empezamos a contar y en este libro “El imperio de los otros datos” vemos cómo -durante tres años- el presidente se repite y cómo se recicla. Vemos claramente que es propaganda y no da información. No es transparencia, ni revisión de cuentas. Este libro adquiere una interpretación de lo que sucede, pero también un recuento que servirá como referencia para quienes quieran estudiar este fenómeno.

Si AMLO es líder mundial en conferencias de prensa, ¿por qué otros presidentes no le copian el modelo?

Para Estrada, López Obrador utiliza la más importante herramienta de comunicación, por lo tanto, debe manejarla con cuidado. Mientras otros líderes globales contactan con sus seguidores a través de programas televisivos, radiofónicos y/o un amplio manejo de redes sociales, las conferencias de prensa del presidente López Obrador enfrentan varios problemas, entre ellos, el horario (porque a las 07:00 horas es la hora más difícil por las actividades que tienen) y el formato.

“Cuando el presidente anunció que quería hacer este ejercicio, observamos que ningún otro presidente lo había hecho antes, no diario. Y desde que el presidente López Obrador las hace, ningún otro presidente ha dicho: ‘Mira qué buena idea’. Al contrario, en Estados Unidos, Donald Trump trató de evitar las conferencias de prensa así -y prácticamente las eliminó- porque evidentemente había una interacción negativa para el presidente Trump; porque tenía que responder las preguntas de medios que le eran incómodas.

“El presidente López Obrador no las contesta. En el formato que él presenta estas conferencias de prensa, cualquiera las podría hacer en cualquier momento, porque no hay esa interacción real, que sí hay con otros presidentes en otras partes del mundo”, comenta Estrada.

Además, considera que la prensa que tiene audiencia necesita afirmaciones que tengan respaldo para poder publicarlas. “No importa que sea el presidente, no importa que sea Donald Trump, si la información no tiene un sustento, no se publica. Los medios que sí buscan tener audiencia y además informar, necesitan sustento y si no se sustenta, pues simplemente pasa desapercibido lo que dice. Aunque hable dos horas de eso, aunque tenga respuestas de 45 minutos”, comentó el especialista.

Luis Estrada comenta cómo en SPIN comenzaron a realizar un ejercicio similar la que el Washington Post realizó con Donald Trump, contando las afirmaciones sin sustento que dijo en su mandato. “Y lo que vemos es que prácticamente nada de lo que dice en las conferencias tiene un respaldo. En este libro hicimos un corte de los primeros tres años y llevamos más de 70 mil afirmaciones que no se pueden probar, que son falsas o que no tienen sustento. Más de 70 mil, lo que da un promedio de 90 por conferencia. La conferencia dura 120 minutos en promedio, entonces, prácticamente todo lo que dice el presidente López Obrador no tiene sustento”.

Como punto de medición, el especialista recuerda que el Washington Post le contó a Trump 35 mil afirmaciones sin sustento en cuatro años, contando eventos aparte y tuits; mientras que AMLO en los tres años de mañaneras rebasa las 70 mil.

3 PREGUNTAS CON

Luis Estrada, director de SPIN-Taller de Comunicación.

En el libro mencionas un punto clave, que es que las mañaneras se pagan con recursos públicos. AMLO inició estas conferencias como jefe de gobierno en el año 2001. Ahora las retoma en la presidencia. ¿Qué diferencias y qué similitudes hay en estos dos momentos?

Es interesante comparar con el ejercicio cuando era jefe de gobierno, porque en realidad el objetivo en ese momento era arrebatarle la agenda al presidente Fox. Fox tuvo que reaccionar al ejercicio que empezó a hacer López Obrador y hasta un vocero usó; pero en realidad el ciclo noticioso era diferente al que tenemos hoy, gracias a las redes sociales. En ese momento, el ciclo noticioso esperaba hasta el siguiente día del periódico. Ahora estamos en un ciclo noticioso de 24 horas.

Arrebatarle la agenda a Fox le salió, porque además era fácil criticar a otro gobierno sobre todo lo que estaba sucediendo. En este caso, criticar al tribunal más importante, que era el Gobierno Federal, desde la Ciudad de México. Ahora el presidente López Obrador tiene esa tribuna, ¿a quién puede criticar más arriba de él? No tiene a nadie y critica al pasado y lo que hemos visto es que también lo hace sin evidencia, sin datos.

Lo que me parece todavía más grave es que el presidente López Obrador no pone la agenda y eso es un debate que -desde el punto de vista académico- se define muy bien. “Poner la agenda” significa que, cuando organizas una conferencia de prensa (que es la herramienta más poderosa en la comunicación, más que un comunicado, más que un tweet, más que cualquier cosa) es porque tienes a todos los medios y das un anuncio importante. Y esperas que todos los medios tengan ese tema que tu posicionaste o que intentaste posicionar.

Sin embargo, el presidente López Obrador hace tres o cuatro presentaciones en cada conferencia, y entonces no se sabe cuál de esos es el importante. Después, en la parte de preguntas y respuestas, el presidente claramente improvisa y lanza frases populares o anécdotas que no se puede probar y ataca a enemigos reales e imaginarios. Entonces, toda esa parte de preguntas y respuestas se vuelve noticia y deja de lado los temas que preparó para esa misma conferencia.

Eso distrae o confunde. Todos los medios de comunicación hablan del presidente López Obrador, si, pero cada uno habla de un tema diferente. Eso es justo lo contrario de “poner la agenda”. Entonces, el presidente López Obrador da de que hablar -sin duda- pero no pone la agenda.

Nosotros hemos contado el número de primeras planas de los diarios más importantes que retoman lo que el presidente quiso posicionar el día anterior, y no alcanza ni siquiera el 7% de las primeras plantas. Entonces, no tiene impacto y por supuesto que esto genera que el presidente López Obrador se desespere, porque los medios de comunicación tradicionales, los que tienen audiencia, los que tienen patrocinadores, no retoman lo que el presidente dice. Pero eso es culpa del diseño de la conferencia del presidente.

Por ejemplo, el expresidente Vicente Fox tenía un programa de radio que pasó sin pena ni gloria y casi no se recuerda ahora. ¿Cómo crees que vamos a recordar las conferencias de AMLO y qué camino van a seguir?

Hay una pregunta que tiene que ver con eso y me parece importante, que es: ¿El presidente López Obrador va a dejar de hacer las conferencias de prensa? No. Él las va a hacer hasta el último día de su mandato. Igual que cuando fue jefe de Gobierno.

Esto, en buena medida, es porque a veces es la única actividad que tiene en el día, por lo menos agendada. Igual pueden salir otras, pero en la agenda pública es la única. Está su reunión de seguridad, supuestamente a las 6 de la mañana, y luego la conferencia de prensa. Si el presidente deja de hacerlas, parecería que no trabaja. Seguirá haciendo este ejercicio en el cual no sustenta lo que dice.

Las conferencias de prensa van seguir siendo importantes, porque son importantes en todo el mundo. No cambia el modelo, no exportamos este modelo a otros lados. Si el presidente López Obrador tuviera tanto que informar sobre lo que él llama la Cuarta Transformación -al nivel de la Independencia, la Reforma y la Revolución- entonces no sería suficiente una conferencia prensa de dos horas para informar; tendríamos que tener un canal 24 horas mostrando todos los cambios que están pasando en tiempo real.

¿Qué hace el presidente al no tener logros, al no tener avances? Pues ataca a los medios, a los enemigos reales e imaginarios, pero no muestran su avance y eso -por supuesto- que va en detrimento de la imagen del propio presidente y de todos los que están con él.

Me gustaría que nos platicaras qué otros datos podemos encontrar en el libro “El imperio de los otros datos”

Hay varios varios temas que hemos analizado, uno de ellos es el tema de quienes van y quienes participan. El presidente presume que tiene un gabinete paritario: el mismo número de hombres y mujeres. Sin embargo, la participación de los hombres es de 75%, mientras que de las mujeres es de 25%. Entonces no importa tener gabinete paritario si en realidad la importancia que le da dentro de la conferencia, que es el acto de gobierno más importante, pues evidentemente no está balanceada.

Además, las palabras y frases más mencionadas nos dicen por dónde van los intereses del presidente, cuáles son sus políticas. Ya en la improvisación se le han salido algunas cosas, adelanta temas. Por ejemplo, “vamos a rifar el avión presidencial”. Bueno, improvisa y se ríe, entonces en la tarde le dicen que no se puede rifar. Entonces al día siguiente lo arregla, pero lo vuelve a empeorar.

Sigue aquí la entrevista completa con Luis Estrada, director de SPIN-Taller de Comunicación

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