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Pitao Cocijo, dios zapoteca del trueno que se atrevió a conquistar el fuego

Pitao Cocijo es el dios zapoteca de todas las fuentes terrestres de agua, aunque fue despreciado por Pitao por considerarlo muy pequeño

Durante este fin de semana en Paseo de la Reforma se colocó una escultura del dios zapoteco Pitao Cocijo, aunque en redes sociales fue comparado con el personaje de Darth Vader, los poderes de Pitao son más grandes, pues es la deidad del rayo, la lluvia, la niebla, las nubes, el rocío, granizo y todas las fuentes terrestres de agua.

De acuerdo con el libro de Areli Olivier del Ángel y Jocelyn Calixto González “Historias de nuestros ancestros”, Pitao creó al universo, invitó a otros dioses a participar en su creación, a cada uno le dio poder sobre algún elemento, pero a Cosijo no le dio ninguno al considerarlo un dios pequeño.

Sin embargo, Pitao aplazó la creación del fuego porque sería el elemento que podrían domesticar los seres humanos, por lo que los hombres crearon un cerro para acercarse a Pitao y pedirle que les concediera el fuego.

Pitao creó al fuego e invitó a los demás dioses para que alguno de ellos se animara a tomarlo, pero todos se resistieron porque tenían que lanzarse a la hoguera y quemarse.

Pero Cocijo sí lo hizo, para ello convocó a la lluvia para que lo mojara por completo, así como al viento para que elevara las llamas, después de eso se arrojó a la hoguera.

“Nadie sabía lo que pasaría, cuando de pronto, surgió un rayo de luz seguido de un estruendo muy fuerte que estremeció los cielos y la tierra; había nacido el rayo. Es así como los hombres pudieron obtener el fuego y Cocijo se convirtió en el Dios del rayo”, narra el texto.

De acuerdo con la Secretaría de Cultura, la adoración a los dioses Pitao Cocijo y Pitao Cozobi que los zapotecas hacían en agradecimiento a sus cosechas, serían uno de los elementos que dieron origen a la actual fiesta de la Guelaguetza.

“El lugar en el que se hacían estos ofrecimientos era el Dani Lao Nayaalaoni, lugar sagrado para los zapotecas que también es conocido como el cerro de Bella Vista. Las ofrendas se desarrollaban a mediados de julio e incluían música, danza, alimentos y la compartición de los primeros frutos de la siembra en la comunidad”.

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