México se entiende también desde la calle: en la esquina donde se arma la torta, en el carrito de hot dogs que nunca falla o en los chilaquiles que salvan la mañana. Detrás de esa rutina hay más de 805 mil changarros de comida que, todos los días, alimentan a millones de personas en el país.
De acuerdo con datos del INEGI, estos negocios no solo forman parte de la cultura gastronómica, sino que también sostienen una parte importante de la economía cotidiana.

Comer en la calle, parte de la vida diaria
Para millones de mexicanos, comer en la calle no es excepción, es costumbre. Más del 40% consume alimentos fuera de casa al menos una o dos veces por semana, y una parte significativa lo hace en puestos callejeros.
Desayunos rápidos, comidas completas o cenas improvisadas: los changarros se adaptan al ritmo de la ciudad y acompañan cada momento del día.
Sin embargo, detrás de cada puesto hay un negocio que depende del flujo constante de clientes y que opera con ingresos limitados, en muchos casos destinados casi en su totalidad a mantener el funcionamiento diario.

Buscan dar visibilidad a quienes sostienen la calle
En este contexto surge “Embasadores”, una iniciativa que busca reconocer a quienes, por generaciones, han alimentado al país desde la vía pública.
La campaña llevará sus historias a espacios visibles como parabuses, espectaculares y plataformas digitales en ciudades como Ciudad de México, Estado de México, Mérida y Guadalajara.
“Si a los changarros les va bien, a México le va bien”, señaló Gabriela Riva Palacio, directiva de Grupo Herdez, al destacar la importancia de este sector.
Más allá de los números, los changarros representan identidad, rutina y comunidad. Son el punto de encuentro, la solución rápida y, muchas veces, el sabor que define el día.
Hoy, en medio del movimiento constante de las ciudades, su presencia no solo sigue firme, sino que empieza a ganar algo que pocas veces ha tenido: visibilidad.
