En el marco del Día del Niño y del Día Internacional de la Lucha contra el Maltrato Infantil, la realidad de miles de niñas, niños y adolescentes en la Ciudad de México revela una paradoja inquietante: aunque los reportes oficiales muestran una ligera disminución, la violencia sigue profundamente arraigada en los hogares y entornos cercanos.
De acuerdo con datos otorgados a Publimetro por el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5), durante el primer trimestre de 2026 se registraron mil 409 llamadas relacionadas con menores en situación de riesgo, una reducción del 5% respecto a las mil 484 reportadas en el mismo periodo de 2025.
Sin embargo, detrás de la aparente mejora estadística se esconde un problema estructural. El 57% de los casos está vinculado a agresiones físicas y violencia familiar, mientras que el 28% corresponde a omisión de cuidados y abandono. El resto involucra a menores en situación de calle o con aparentes alteraciones mentales.
La mayoría de las víctimas son niños (45%), seguidos de niñas (39%), y una cuarta parte tiene entre 10 y 12 años. Es decir, la violencia impacta con fuerza en etapas clave del desarrollo.
Las autoridades advierten que la reducción en llamadas no significa necesariamente menos violencia, sino posibles fallas en la denuncia o normalización del maltrato.
Violencia normalizada desde la crianza
Uno de los factores más preocupantes es la aceptación social de prácticas violentas como forma de disciplina. En México, 6 de cada 10 niñas y niños de entre 1 y 14 años han experimentado algún tipo de disciplina violenta en sus hogares.
El problema no siempre es percibido como tal. Según datos nacionales, el 27% de las personas considera que gritar no constituye violencia infantil. Esta percepción invisibiliza el daño psicológico y emocional que puede ser tan profundo como el físico.
El castigo corporal, los gritos y las humillaciones siguen siendo métodos de crianza arraigados, pese a que se ha demostrado que afectan el desarrollo integral de la infancia y aumentan riesgos a largo plazo como trastornos mentales, consumo de drogas e incluso conductas suicidas.

Hospitales: el reflejo más crudo
Las cifras del sector salud evidencian la gravedad del fenómeno. En 2021:
- 463 menores fueron atendidos por violencia familiar en hospitales de la CDMX
- 258 por violencia sexual (un incremento de más del 120% respecto a 2020)
- 602 por violencia física (un aumento de 59.3%)
Estos datos colocan a la capital entre las entidades con mayor número de casos en distintas formas de violencia infantil.
Aunque algunos indicadores muestran descensos, como la violencia familiar hospitalaria (que bajó 37.9% respecto a 2020), otros reflejan un repunte alarmante, especialmente en violencia sexual.
Consecuencias que duran toda la vida
El maltrato infantil no termina en la infancia. Sus efectos se extienden a lo largo de toda la vida:
- Bajo rendimiento escolar
- Mayor riesgo de desempleo
- Problemas de salud mental
- Mayor probabilidad de involucrarse en conductas delictivas
Los costos no solo son individuales, sino sociales y económicos. Una infancia marcada por la violencia puede convertirse en una adultez con menos oportunidades y mayores vulnerabilidades.
La otra ruta: crianza positiva
Frente a este panorama, especialistas y organismos insisten en la necesidad de transformar los modelos de crianza.
La crianza positiva propone un enfoque basado en el respeto, el apego seguro y la comunicación. Sustituye el castigo por límites claros, diálogo y consecuencias educativas.
Entre sus pilares destacan:
- Escucha activa entre madres, padres e hijos
- Regulación emocional de los adultos
- Disciplina sin violencia
- Reconocimiento de niñas y niños como sujetos de derechos
Los beneficios son claros: mejor autoestima, estabilidad emocional, habilidades sociales y resolución pacífica de conflictos.
Un llamado a no mirar hacia otro lado
Autoridades del C5 subrayan que cualquier sospecha de maltrato debe ser reportada de inmediato a los números de emergencia (9-1-1), denuncia anónima (089) o la línea *765 para violencia contra la mujer.
Porque más allá de las cifras, el problema central es la tolerancia social a la violencia. Y mientras siga siendo vista como parte “normal” de la crianza, miles de niñas y niños continuarán creciendo en entornos que vulneran su dignidad.
