Al día de hoy, no se reportan reservaciones extraordinarias en los hoteles de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey con motivo de la Copa Mundial de la FIFA 2026. De acuerdo con una nota de mi colega Aldo Munguía, de El Financiero, las reservas hoteleras en las tres sedes mexicanas permanecen por debajo de las expectativas que el propio sector había proyectado meses atrás. En la Ciudad de México, la Asociación de Hoteles reportó a finales de abril un nivel de reservas de apenas 36% para el periodo mundialista, mientras que en Guadalajara la ocupación se mantenía entre 30% y 35% semanas antes del arranque del torneo. A nivel nacional, la Asociación Nacional de Cadenas Hoteleras estima que la ocupación promedio durante los 13 partidos que se disputarán en México rondará entre 60% y 65%, lejos de las proyecciones iniciales que superaban el 80%.
Entre el reducido número de partidos asignados a México en comparación con Estados Unidos y los elevados precios para acceder a los encuentros, el resultado comienza a percibirse a poco más de una semana de la inauguración en el Estadio Azteca-Banorte-Ciudad de México.
La expectativa ha sido alta desde el anuncio del torneo. Al menos en la Ciudad de México, se han realizado reparaciones de último momento en la infraestructura vial y aeroportuaria, muchas de ellas con resultados discutibles. Lo que aporta al turismo un evento de esta naturaleza es su legado, es decir, las mejoras permanentes en la infraestructura urbana de las ciudades sede. En este caso, no se vislumbra que los cambios emprendidos tengan una visión de largo plazo ni que representen un beneficio duradero para los ciudadanos y los visitantes que lleguen meses o años después de la justa deportiva.
El ejemplo más evidente son los Juegos Olímpicos de 1968. Seguimos utilizando infraestructura construida para aquella edición casi seis décadas después: el Anillo Periférico, la Alberca Olímpica, el Palacio de los Deportes y la pista de Cuemanco, entre otras obras que permanecen vigentes hasta nuestros días. Habrá que ver cuántas de las intervenciones realizadas para el Mundial conservan utilidad dentro de cincuenta años o si los puentes pintados con ajolotes y las remodelaciones aeroportuarias logran trascender la coyuntura.
En las ferias internacionales de turismo celebradas durante 2025 y en lo que va de 2026 no se observó una promoción particularmente intensa del Mundial. Catar, por ejemplo, desplegó una estrategia internacional mucho más visible en los años previos a su torneo. La impresión de este reportero es que las autoridades mexicanas dejaron demasiados aspectos para el último momento, incluido el componente turístico.
Cientos de hoteles y propiedades de alquiler de corta estancia observan con preocupación si realmente llegarán las hordas de visitantes que durante años se prometieron para el próximo 11 de junio. Por el bien del turismo y del país, ojalá así ocurra. Sin embargo, se apostó más a la coyuntura que a la planeación estratégica para aprovechar este Mundial en beneficio de México. Una oportunidad de esta magnitud debería medirse por el legado que deja y no únicamente por los ingresos que genere durante unas cuantas semanas.
Se conjuró la huelga de Aeroméxico
Además de las distintas preocupaciones que enfrenta el gobierno mexicano en vísperas del Mundial, también estaba presente la posibilidad de una huelga de sobrecargos en Aeroméxico. La noche del 31 de mayo el conflicto fue conjurado y los trabajadores lograron un incremento salarial de 4.16%, además de un aumento de 4% en viáticos para ciertos destinos, una extensión de dos años de la cláusula de retiro y jubilación del denominado Contrato A, la creación de un nuevo quinquenio para los trabajadores del Contrato B y el compromiso de una revisión salarial para 2027 mediante una fórmula vinculada a la inflación.
