La colonia Roma es muy reconocida por su oferta gastronómica de diferentes tipos de cocina, por lo que a veces resulta complicado encontrar un restaurante en el que sientas que todos tus problemas se quedan afuera, una vez que cruzas la puerta, como el caso de Macelleria.
Aquí no se busca reinventar la cocina italiana, porque entiende algo mucho más importante: el placer que provoca sentarse a la mesa, compartir platos al centro y dejar que el aroma de una buena pasta recién hecha haga el resto.

Ubicado en Orizaba 127, este restaurante lleva años formando parte del paisaje gastronómico de la zona. El espacio hace sentir a gusto al comensal, de inmediato.
La madera expuesta, la iluminación cálida y el constante ir y venir de platos crean una atmósfera que se mueve entre la sofisticación relajada y la comodidad de una trattoria contemporánea, en la que no solamente se ofrecen pastas y pizzas, sino algunas especialidades de la casa, cortes o sándwiches, además de una carta de vinos y coctelería para acompañar los alimentos.

Afuera, la terraza mantiene el espíritu festivo de la Roma Norte; adentro, la experiencia se vuelve más íntima, acompañada de conversaciones largas, copas de vino y una sencilla, pero deliciosa comida italiana, especialmente atractivo para cenas largas entre amigos o parejas.

La cena comenzó con una ensalada del huerto que, pone en evidencia el cuidado que existe detrás de cada preparación. Las endivias a la parrilla aportan un ligero amargor ahumado que encuentra equilibrio en la frescura de la espinaca y la arúgula, mientras el queso gorgonzola introduce profundidad y carácter. La nuez caramelizada aporta textura y un dulzor discreto que termina de integrarse con una vinagreta de ajonjolí que sorprende por su sutileza.
Hay algo particularmente agradable en esa mezcla entre ingredientes clásicos italianos y algunos otros que llevan el plato a un contexto mucho más contemporáneo, para provocar una sonrisa de satisfacción entre los comensales.
Después llegan las pastas, y con ellas, la verdadera personalidad de Macelleria. La pasta Di Funghi es uno de esos platos capaces de reconfortar desde el primer bocado. El fettuccine artesanal tiene la textura precisa: firme, pero sedoso.

El salteado de hongos deshidratados concentra notas terrosas profundas, mientras el chile comapeño de Veracruz introduce un picor elegante que aparece poco a poco sin romper la armonía del conjunto. El extra de prosciutto termina de redondear el plato con una nota salina que aporta mayor complejidad. Es una pasta que entiende perfectamente el poder de la sencillez bien ejecutada.
Después llega la Pasta Alla Ruota. La preparación ocurre dentro de una enorme rueda de queso Grana Padano, donde la pasta artesanal termina de mezclarse lentamente hasta impregnarse por completo de ese sabor intenso, cremoso y profundamente adictivo que transforma algo aparentemente simple en una experiencia casi religiosa.

En nuestro caso, la orden llegó con extra de arrachera, cuya potencia cárnica contrastaba perfectamente con la untuosidad del queso. El resultado es contundente, generoso y absolutamente antojadizo. No sorprende que los comensales por unanimidad coincididiéramos en señalar las pastas terminadas en rueda de queso como uno de los grandes imperdibles del lugar.
Y aunque las pastas podrían sostener por sí solas toda la experiencia, todavía faltaba la Pizza Di Mare. Preparada con salsa pomodoro, mozzarella y camarones al ajillo, llega a la mesa con esa apariencia sencilla que suelen tener las pizzas realmente bien hechas.

La masa es delgada, ligeramente crujiente en las orillas y lo suficientemente flexible al centro para doblarse sin perder estructura. El ajo aparece de manera aromática, sin dominar el resto de los ingredientes, mientras el camarón mantiene una cocción precisa que evita la textura gomosa tan común en muchas pizzas de mariscos. Cada elemento parece pensado para acompañarse, no para competir.
Si hay algo que distingue a Macelleria es que la experiencia no depende exclusivamente de un platillo “viral” o de un show extravagante al presentar sus platillos, sino de algo más complejo.

Sí, la rueda de queso captura miradas y provoca fotografías inevitables, pero detrás existe una ejecución consistente que sostiene el concepto completo: pizzas al horno de piedra, pastas artesanales, ingredientes intensos y una atmósfera que invita a quedarse más tiempo del planeado.
Al final, Macelleria busca construir una experiencia cálida, generosa y profundamente disfrutable, donde la comida conecta con el antojo, la memoria y el placer sencillo de compartir la mesa, y eso es algo digno de agradecerse, en un tiempo en el que el menú se diseña con base a que sea compartido por las redes sociales, aunque el sabor quede mucho a deber.
