Si para entender qué hace una autoridad necesitamos hablar como abogadas y abogados, poner montones de siglas o explicar todo como si fuera un trámite burocrático complejo, entonces algo estamos haciendo mal. La democracia debería poder platicarse en el taxi, en casa o mientras esperamos el camión.
¿Y por qué hablar de esto ahora?
Porque, aunque todavía no vivimos tiempos electorales, el próximo proceso viene caminando y estoy convencido de que antes de que aparezcan todos los elementos propios de una campaña, conviene construir algo más básico: un entorno democrático donde las personas entendamos qué se decide, para qué sirve cada cargo y por qué eso sí impacta en nuestra vida diaria.
Y es que, precisamente, la democracia tiene que ver con cosas reales y del día a día: la lámpara de la calle, el bache, el permiso para un negocio, la seguridad de la colonia, la escuela, el hospital, las leyes y la justicia. Ahí deja de ser una idea bonita y se vuelve parte de nuestra vida diaria.
Muchas veces la hemos contado como si fuera un asunto lejano, reservado para partidos, autoridades o especialistas, cuando también le pertenece a quien se levanta temprano, lleva la casa, maneja todo el día, atiende un negocio, estudia o cuida a su familia. No es que las personas no podamos entenderla, es que no la hemos explicado en un idioma ciudadano.
En foros y pláticas recientes me ha quedado claro que cuando estos temas se bajan a ejemplos sencillos, la conversación cambia. No es lo mismo decir “ayuntamiento” que hablar de alumbrado, calles, permisos y espacios públicos; no es lo mismo decir “diputaciones” que explicar que ahí se hacen leyes y se revisa el dinero público. Tampoco es lo mismo decir “gubernatura” que hablar del gobierno que decide sobre seguridad, obra pública, salud y educación.
Cuando eso se entiende, la política deja de sonar como pura competencia y empieza a verse como un sistema donde cada autoridad tiene una responsabilidad distinta. Entonces una persona ubica mejor quién puede resolver qué y a quién se le puede exigir.
Y ahí va mi idea central: la democracia no es solamente votar, aunque votar importa mucho. También hay democracia cuando una colonia se organiza, cuando alguien pide información, cuando se cuestiona una decisión pública, cuando se respetan reglas comunes y cuando entendemos que lo público no es de unas cuantas personas.
Si en Querétaro se concreta una elección judicial local, habrá que explicar qué hace un juez, qué hace una magistrada, qué resuelven, por qué importa la justicia y qué impacto tiene elegir esos cargos. No podemos esperar hasta que la gente esté frente a la boleta para explicar eso.
La democracia debería sentirse cercana y entendible. Nadie nace sabiendo cómo funciona; todas y todos la vamos aprendiendo, y se aprende mejor cuando se explica claro y bien sencillo.
Cuando entiendes el sistema, dejas de ser rehén de él.
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